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viernes, 25 de noviembre de 2011

Confieso PABLO.. que he vivido...NERUDA en chile


Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. De los desiertos del salitre, de las minas
submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las
manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador  de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la
presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador  Allende para que realizara reformas y medidas de
justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.
Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el
extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en
Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo
el mundo. Aquí,
 en Chile, se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad  verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile.

 De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la constitución y la ley, la democracia y la esperanza. .Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y  polichinelas, payasos a granel, terroristas de
pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos y otros daban vueltas en el carrusel del
despacho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de "Patria y Libertad", dispuestos a
romperle la cabeza y el alma a cuanto existe,  con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban
Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín, algo manchado de
sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los
enemigos del pueblo........


Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, 
conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo  dos presidentes grandes: Balmaceda y 
Allende.
Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace
llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras.

Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En
ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron
de jauría. Las compañías inglesas en la ocasión  de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de
Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.
En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros
distinguidos "aristócratas". Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende,
gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores.


Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía
una complexión imperiosa que lo acercaba más y más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación
de sus propósitos. En todo instante se vio rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que
vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que
debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado
a conducirse como un iluminado, como un soñador: su sueño de grandeza se quedó en sueño.

Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros  y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones; para los criollos, las coimas. Recibidos los treinta dineros, todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se  secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la city de Londres.

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus
medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya
no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba.
Allende era un dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la
lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y
razones, la obra que realizó Allende en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aún, es la más
importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos
objetivos más que se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.
Las obras y los hechos de Allende, de imborrable  valor nacional, enfurecieron a los enemigos de
nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del palacio de gobierno;
uno evoca la Blitz krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas,
rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante
dos siglos fue el centro de la vida civil del país.
Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a  sólo tres días de los hechos incalificables que
llevaron a la muerte a mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se Mantuvo en silencio; fue
enterrado secretamente—sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de
los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras visibles de suicidio. La versión que ha sido
publicada en el extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los
tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el presidente de la república de Confieso que he vivido.
Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su gran corazón envuelto
en humo y llamas. Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado  secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la  sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en  sí misma todo el dolor del mundo.
Aquella  gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.



EN  VOZ  DE  NERUDA   EN  NOVIEMBRE TE  RECUERDO  EN  ESTE   39  ANIVERSARIO   DE  ASENSO   AL   GOBIERNO  "  PRESIDENTE  SALVADOR  ALLENDE ...."  EN  CHILE   SIGUE  SIENDO  LA  MISMA   LUCHA : POR  LA  DEMOCRACIA, LA EDUCACIÓN  Y  LA LIBERTAD.   ....ALLENDE  ,  NERUDA  , TUS  ESTUDIANTES Y  HOMBRES   ,NOS RECUERDAN  QUE   EL  PUEBLO  SIEMPRE  NOS  BRINDA  LOS  HÉROES  QUE ENCARNARAN  LAS   CIRCUNTACIAS  PARA  LLEGAR  A  LAS JUSTAS  METAS  QUE  ANCIAMOS  DESDE  SIEMPRE   .... AQUI  SANTO DOMINGO  ,   4%  A LA  EDUCACIÓN, LIBERTAD ...DESARROLLO  SOMOS  HERMANOS  EN LAS  NECESIDADES COMO  EL  CHILE   DE  LA  PAZ, DE   LAS MINAS Y  LA  JUSTICIA ...DE  ALLENDE.



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