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sábado, 26 de mayo de 2012

CARTA AL FUTURO



Estimado señor Futuro
De mi mayor consideración:
Le estoy escribiendo esta carta para pedirle un favor. 

sabrá disculpar la molestia. No, no tema, no es que quiera conocerlo. 
Ha de ser usted un señor muy solicitado, habrá tanta gente que querrá tener el gusto; pero yo no
. Cuando alguna gitana me atrapa la mano, para leerme el porvenir, salgo corriendo a la disparada antes de que ella pueda cometer semejante crueldad.
Y sin embargo usted, misterioso señor, es la promesa que nuestros pasos persiguen queriendo sentido y destino. Y es este mundo, este mundo y no otro mundo, el lugar donde usted nos espera. A mí, y a los muchos que no creemos en los dioses que nos prometen otras vidas en los lejanísimos hoteles del Más Allá.
Y ahí está el problema, señor Futuro. Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano; y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podría no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma.


De eso se trata, señor Futuro. Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar. Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando, que usted siga siendo. Que usted nos ayude a defender su casa, que es la casa del tiempo.
Háganos esa gauchada, por favor. A nosotros y a los otros: a los otros que vendrán después, si tenemos después.
Le saluda atentamente,
Un terrestre EDUARDO  GALEANO

lunes, 9 de abril de 2012


LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y LA TIERRA


Abril 20, 2010 in Prensa
Eduardo Galeano
Lamentablemente, no podré estar con ustedes. Ojalá se pueda hacer todo lo posible, y lo imposible también, para que la Cumbre de la Madre Tierra sea la primera etapa hacia la expresión colectiva de los pueblos que no dirigen la política mundial, pero la padecen.
Ojalá seamos capaces de llevar adelante estas dos iniciativas del compañero Evo [Morales, presidente de Bolivia], el Tribunal de la Justicia Climática y el Referéndum Mundial contra un sistema de poder fundado en la guerra y el derroche, que desprecia la vida humana y pone bandera de remate a nuestros bienes terrenales.
Ojalá seamos capaces de hablar poco y hacer mucho. Graves daños nos ha hecho, y nos sigue haciendo, la inflación palabraria, que en América Latina es más nociva que la inflación monetaria. Y también, y sobre todo, estamos hartos de la hipocresía de los países ricos, que nos están dejando sin planeta mientras pronuncian pomposos discursos para disimular el secuestro.
Hay quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad internacional” , ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos definiciones son correctas.
Yo quiero celebrar, en cambio, la fuerza de verdad que irradian las palabras y los silencios que nacen de la comunión humana con la naturaleza. Y no es por casualidad que esta Cumbre de la Madre Tierra se realiza en Bolivia, esta nación de naciones que se está redescubriendo a sí misma al cabo de dos siglos de vida mentida.
Bolivia acaba de celebrar los diez años de la victoria popular en la guerra del agua, cuando el pueblo de Cochabamba fue capaz de derrotar a una todopoderosa empresa de California, dueña del agua por obra y gracia de un Gobierno que decía ser boliviano y era muy generoso con lo ajeno.
Esa guerra del agua fue una de las batallas que esta tierra sigue librando en defensa de sus recursos naturales, o sea: en defensa de su identidad con la naturaleza. Bolivia es una de las naciones americanas donde las culturas indígenas han sabido sobrevivir, y esas voces resuenan ahora con más fuerza que nunca, a pesar del largo tiempo de la persecución y del desprecio.
El mundo entero, aturdido como está, deambulando como ciego en tiroteo, tendría que escuchar esas voces.
Ellas nos enseñan que nosotros, los humanitos, somos parte de la naturaleza, parientes de todos los que tienen piernas, patas, alas o raíces.
La conquista europea condenó por idolatría a los indígenas que vivían esa comunión, y por creer en ella fueron azotados, degollados o quemados vivos.
Obstáculo al progreso
Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera. Las culturas indígenas la ven desde adentro.
 Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.
Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.
Fuente: Diario Público, 18/4/2010, p. 16

sábado, 20 de agosto de 2011

DERECHO A SOÑAR



El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper  la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació. El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera. Una invitación al vuelo. Milenio va,  milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.
La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será.  Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio. 
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. 
¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado  derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas.
La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se niegan a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo; los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas; la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo; la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción  ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero. 
Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra.
La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos; nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión; los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle; los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos. 
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; 
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
 la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda; 
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú; en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria. 
La Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo; 
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte"; 
serán reforestados  los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar; seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; 
pero en este mundo chambón y  jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero. Inédito en libro.
 EDUARDO   GALEANO

martes, 14 de diciembre de 2010

LOS NADIE



LOS  NADIE  Y  GALEANO

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. 
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada. 
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: 
Que no son, aunque sean. 
Que no hablan idiomas, sino dialectos. 
Que no profesan religiones, sino supersticiones. 
Que no hacen arte, sino artesanía. 
Que no practican cultura, sino folklore. 
Que no son seres humanos, sino recursos humanos. 
Que no tienen cara, sino brazos. 
Que no tienen nombre, sino número. 

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. 
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.



Además, son muchos los humildes de mi pueblo.
Yo escribí sus nombres sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo rescaté su corazón de la carcoma y del olvido, pero no sé dónde
quedó la sangre coagulada, ni si vino familiar alguno
a limpiar la mancha que había sobre el duro tapiz de la noche.
Yo los besé, y mi ósculo fue como tilde sonora impar
sobre su frente. Porque aun después del amor
ellos estaban solos sobre la tierra.
Son muchos los hombres humildes, las mujeres humildes.
Yo vi surgir sus rostros como bayonetas al sol de octubre.
Yo palpé sus torsos morenos y relucientes
cuando emergían de los ríos. Yo vi, por una vez,
pero volví la cara atrás, los senos de las doncellas.
Yo conocí los niños desnudos, niños despiertos y virginales como
la primavera,
y sentí cómo se hinchaba el hambre en sus cuerpos plebeyos,
lo mismo, casi lo mismo que siento elevarse la madurez
al morder un fruto.
Yo escribí los nombres
de los humildes sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo sólo sé que muchos murieron alzando los brazos
para atrapar el cielo, pero cayeron sin nombre,
cayeron sin piernas, cayeron sin sexo ni esperanza. Cayeron.
No tenían siquiera una flor o una lanza. Solos rodaron
con sus tumbas desconocidas, con sus huesos anónimos.
Pero dejaron sus almas mondas flotando por los aires.
Las almas que se agolpan en las sangres de las generaciones, y
corren.
Corren a ratos, porque la noche está ahí. Se  atisban a ratos,
porque la noche está ahí. Desaparecen luego,
desaparecen como esas lágrimas de abuelo
secadas al descuido con el dorso de la mano





A LOS HÉROES SIN NOMBRE....FEDERICO  BERMUDEZ
Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
heroicos defensores de nuestra libertad,
que en el desfiladero o en la llanura agreste
cumplisteis la orden brava de vuestro capitán;

vosotros, que con sangre de vuestras propias venas,
por defender la patria manchasteis la heredad,
hallasteis en la lucha la muerte y el olvido:
la gloria fue, absoluta, de vuestro capitán.

Cuando el cortante acero del enemigo bando
cebó su torpe furia en vuestra humanidad,
y fuisteis el propicio legado de la tumba,
sin una cruz piadosa ni un ramo funeral,
también a vuestros nombres cubrió el eterno olvido:
¡tal sólo se oyó el nombre de vuestro capitán!

Y ya, cuando a la cumbre de la soñada gloria
subió la patria ilustre que fue vuestro ideal,
en áureos caracteres la historia un homenaje
rindió a la espada heroica de vuestro capitán.
Dormidos a la sombra del árbol del olvido,
¡quién sabe en dónde el resto de vuestro ser está!
Vosotros, los humildes, los del montón salidos,
sois parias; en la liza, con sangre fecundáis
el árbol de la fama que da las verdes hojas
para adornar la frente de vuestro capitán...




Además, son muchos los humildes de mi pueblo.
Yo escribí sus nombres sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo rescaté su corazón de la carcoma y del olvido, pero no sé dónde
quedó la sangre coagulada, ni si vino familiar alguno
a limpiar la mancha que había sobre el duro tapiz de la noche.
Yo los besé, y mi ósculo fue como tilde sonora impar
sobre su frente. Porque aun después del amor
ellos estaban solos sobre la tierra.
Son muchos los hombres humildes, las mujeres humildes.
Yo vi surgir sus rostros como bayonetas al sol de octubre.
Yo palpé sus torsos morenos y relucientes
cuando emergían de los ríos. Yo vi, por una vez,
pero volví la cara atrás, los senos de las doncellas.
Yo conocí los niños desnudos, niños despiertos y virginales como
la primavera,
y sentí cómo se hinchaba el hambre en sus cuerpos plebeyos,
lo mismo, casi lo mismo que siento elevarse la madurez
al morder un fruto.
Yo escribí los nombres
de los humildes sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo sólo sé que muchos murieron alzando los brazos
para atrapar el cielo, pero cayeron sin nombre,
cayeron sin piernas, cayeron sin sexo ni esperanza. Cayeron.
No tenían siquiera una flor o una lanza. Solos rodaron
con sus tumbas desconocidas, con sus huesos anónimos.
Pero dejaron sus almas mondas flotando por los aires.
Las almas que se agolpan en las sangres de las generaciones, y
corren.
Corren a ratos, porque la noche está ahí. Se  atisban a ratos,
porque la noche está ahí. Desaparecen luego,
desaparecen como esas lágrimas de abuelo
secadas al descuido con el dorso de la mano



Además, son muchos los humildes de mi pueblo.
Yo escribí sus nombres sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo rescaté su corazón de la carcoma y del olvido, pero no sé dónde
quedó la sangre coagulada, ni si vino familiar alguno
a limpiar la mancha que había sobre el duro tapiz de la noche.
Yo los besé, y mi ósculo fue como tilde sonora impar
sobre su frente. Porque aun después del amor
ellos estaban solos sobre la tierra.
Son muchos los hombres humildes, las mujeres humildes.
Yo vi surgir sus rostros como bayonetas al sol de octubre.
Yo palpé sus torsos morenos y relucientes
cuando emergían de los ríos. Yo vi, por una vez,
pero volví la cara atrás, los senos de las doncellas.
Yo conocí los niños desnudos, niños despiertos y virginales como
la primavera,
y sentí cómo se hinchaba el hambre en sus cuerpos plebeyos,
lo mismo, casi lo mismo que siento elevarse la madurez
al morder un fruto.
Yo escribí los nombres
de los humildes sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo sólo sé que muchos murieron alzando los brazos
para atrapar el cielo, pero cayeron sin nombre,
cayeron sin piernas, cayeron sin sexo ni esperanza. Cayeron.
No tenían siquiera una flor o una lanza. Solos rodaron
con sus tumbas desconocidas, con sus huesos anónimos.
Pero dejaron sus almas mondas flotando por los aires.
Las almas que se agolpan en las sangres de las generaciones, y
corren.
Corren a ratos, porque la noche está ahí. Se  atisban a ratos,
porque la noche está ahí. Desaparecen luego,
desaparecen como esas lágrimas de abuelo
secadas al descuido con el dorso de la mano


LOS   HUMILDES  ,  FREDDY  GASTON  ARCE   



Además, son muchos los humildes de mi pueblo.
Yo escribí sus nombres sobre los muros, pero no los recuerdo.
Yo rescaté su corazón de la carcoma y del olvido, pero no sé dónde
quedó la sangre coagulada, ni si vino familiar alguno
a limpiar la mancha que había sobre el duro tapiz de la noche

Son muchos los hombres humildes, las mujeres humildes.....


Yo vi surgir sus rostros como bayonetas al sol de octubre.
Yo palpé sus torsos morenos y relucientes
cuando emergían de los ríos. Yo vi, por una vez,
pero volví la cara atrás, los senos de las doncellas.
Yo conocí los niños desnudos, niños despiertos y virginales como
la primavera,
y sentí cómo se hinchaba el hambre en sus cuerpos plebeyos,
lo mismo, casi lo mismo que siento elevarse la madurez
al morder un fruto.

Yo sólo sé que muchos murieron alzando los brazos


para atrapar el cielo, pero cayeron sin nombre,

cayeron sin piernas, cayeron sin sexo ni esperanza. Cayeron.
No tenían siquiera una flor o una lanza. Solos rodaron
con sus tumbas desconocidas, con sus huesos anónimos







LOS  HUMILDES LOS  NADIES  LOS  TENGO  AQUI, PRESENTE  LATIENDO  JUNTO  A  MI  CORAZÓN  NO PORQUE  ES  DICIEMBRE  Y  LA  NATIVIDAD , 
NO PORQUE  SUFREN, YA QUE  ESO  LO  HACEN SIEMPRE  
NO  PORQUE  AGREGO  UN POCO  DE  ESPERANZA  CON MIS  PALABRAS, NO PORQUE  , SEAN   O  NO  SEAN  PARA  EL CONTAR  O SUMAR DE  ALGÚN  SISTEMA  PODER  O  CREYENTE .
NO  PORQUE  PARA  MUCHOS  Y  HASTA  PARA  ELLOS  SEAN   SUS  PROPIAS  MEDIAS  VERDADES O  LO  MAS  TRISTE  DE  ELLAS.
PIENSO  EN  SOLUCIÓN  Y  NO VEO  MAS  QUE  ESTA  ULTIMA  IMAGEN  PARA  PODER  SER Y SEGUIR  SIENDO  HUMANO   POR   EJEMPLO...

viernes, 29 de octubre de 2010

EDUARDO  GALEANO.

Y  EL  NEGRO... HAITI


Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940), conocido como Eduardo Galeano, es un periodista y escritor uruguayo,  Es considerado actualmente como uno de los más destacados escritores de la literatura uruguaya. "La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por esclavos negros. Y me gustaría y espero que él nunca lo olvide".


  DE  HAITI..., la maldición blanca, fragmento...
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud...

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”....

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

HOY  HAITI  SIGUE  SIENDO  NOTICIA....  EL  COLERA  RESUERGE MATA   MILES  COMO PANDEMIA (PANMIEDO  DEL  MUNDO)  MATANDO  OTROS , QUE  OTRAS  PARTES  ,  LLAMAN  HUMANOS, PARECE  QUE  AQUI  SOLO  SON  NEGROS ,  CONDICION  DE  POBREZA  Y  FALTA DE  TODO  QUE NUESTRA  HUMANIDAD  NO  QUIERE  VER...


miércoles, 14 de abril de 2010

Los cursos de la Facultad de Impunidades

(cosas  que  desamprendo.....)


Las clases que enseñan la impunidad de los políticos, por ejemplo, están logrando, aceleradamente, la despolitización masiva de la muchachada. Si la siembra del desaliento continúa a este ritmo, pronto se logrará que nadie crea en nadie.
La Facultad de Impunidades instruye en la falta de escrúpulos y educa en la irresponsabilidad moral

Otra materia de la Facultad de Impunidades trata de los políticos y el Estado. Los mismos políticos que impunemente han exprimido al Estado hasta la última gota, han descubierto ahora que el Estado es inútil y merece ser arrojado a la basura. A lo largo de muchos años, ellos han convertido los derechos de los ciudadanos en favores del poder, han puesto al público al servicio del servicio público y han hecho del Estado un laberinto lleno de parásitos que deambulan hacia ninguna parte.

los políticos tradicionales que hicieron al enfermo, nos venden el hospital: devueltos al gobierno tras el ocaso de las dictaduras militares, ellos entonan salmos a la gloria del dinero libre y sacrifican, en los altares del mercado, a las empresas públicas.

Los numerito prueban que en América Latina la libertad del dinero favorece su evasión, no su inversión, y que así la especulación se ría de la producción y la economía se convierte en una ruleta; pero las trompetas anuncian al capital privado como si fuera un rescate del Quinto de Caballería.
 El poder enseña que el crimen paga. A la sombra del poder........

Ahora todos trabajamos para pagar los intereses y vivimos en estado de amnesia.
mientras la gente pasa del entusiasmo a la desesperanza y más de un defraudado identifica a la democracia con el fraude....cada vez hay más distancia entre la inmensa mayoría que necesita mucho más de lo que consume y la mínima minoría que consume mucho más de los que necesita.

Desde su casa matriz, y a través de muchas sucursales, la Facultad de Impunidades nos induce a desquerernos y a descreernos.
Sus profesores nos invitan a olvidar el pasado para que no seamos capaces de recordar el futuro..
.."No queremos sobrevivir. Queremos vivir".

EDUARDO   GALEANO